domingo, 25 de noviembre de 2007

Le parecía increible el modo en que había conseguido retratar toda esa sensualidad en apenas solo un gesto. Una pintura no puede captar con tanta intensidad una emoción humana, no puede ser que algo tan físico y tan mental como ese placer pueda ser plasmado sobre un lienzo y evocar tan vivamente la sensación que lo inspira.
La Madonna de Munch está absorta en un sueño profundo, en un profundo placer sexual y toda la realidad se deforma a su alrededor perdiendo por completo su importancia. Ya ni siquiera existe; ¡que importa que exista! ¡Puede difuminarse y disolverse entre hondas de vacío si le da la gana! El momento es tan intenso que trasciende todo lo cercano, haciéndolo desaparecer y desterrando del plano de la realidad cualquier otra existencia que no sea la del eterno placer de su poderoso orgasmo.

martes, 9 de octubre de 2007

Dos historias paralelas se acarician sin tocarse en un Hong Kong contemporaneo bajo el ritmo vertiginoso de una ciudad entre la modernidad y el cotidianismo más arraigado. Historias humanas, vidas anónimas que se encuentran y se enlazan como oasis inconexos de la vida cosmopolita, redescubriendo que más allá de los rostros desconocidos, en cada cruce fortuito, en cada mirada furtiva, hay personas que sienten, sueñan, sufren y sonrien intentando escapar de sus fracasos pasados. Personajes con obsesiones, con puntos de vista particulares, viviendo una vida desde la óptica única e irremplazable de la propia existencia, en los que descubrir que aquellos con quienes te cruzas un instante en un puesto de comída rápida poseen un inmenso mundo personal que solo ellos conocen y que, seguramente, solo pueda ser descubierto en las fórmulas químicas que tiñen de colores e imágenes el nitrato del celuloide.

domingo, 16 de septiembre de 2007


"Lo genial no es que captara justo el segundo en que los dos se besan, o como superpone los planos para crear esa sensación de profundidad, ese volumen que hace que parezca que casi puedes tocar el momento, que cási eres uno más entre los espectadores... Lo genial es como consiguió conjugar todo ese dinamismo y estaticidad a la vez en un mismo plano, el valor metafórico de todo eso. El entorno es dinámico, ajetreado, caótico... pero en el centro, en el instante del beso, parece que todo se hubiera parado para construir una realidad ajena a la realidad reinante, que todo respetase la santidad del momento sagrado en que los labios se juntan dentro de la marea de gente. Y es ahí donde está la magia que desvela porqué la fotografía de los amantes del Hotel de Ville ha pasado a la historia como un retrato inmemorial del amor y la jovialidad humanas. Todo puede cambiar alrededor, todo el mundo, la vida, las circunstancias... pueden girar a la velocidad de un rayo de luz atravesando el universo, pero el momento del amor es inmutable y eterno."