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domingo, 26 de julio de 2009

Germaine (III)


"Cuando estaba tumbada con las piernas abiertas y gimiendo, aún cuando gimiese de aquel modo por todos y cualquiera, estaba bien, era una demostración adecuada de sentimiento. No miraba fijamente al techo con ojos inexpresivos, ni comentaba los chinches del empapelado de la pared; ponía los cinco sentidos en lo que estaba haciendo, decía lo que un hombre quiere oir cuando está montando a una mujer (...) Era ignorante y lasciva, ponía alma y corazón en su trabajo. Era puta de pies a cabeza... ¡y esa era su virtud!"

lunes, 25 de mayo de 2009

Claude (I)


"En tanto que Claude... En fín, con Claude siempre había cierta delicadeza, hasta cuando se metía debajo de las sábanas contigo. Y su delicadeza ofendía. ¿Quién va a querer a una puta delicada? Claude te pedía incluso que volvieses la cara cuando se ponía de cuclillas en el bidé. ¡Todo mal! Cuando un hombre está ardiendo de pasión, quiere ver las cosas, quiere verlo todo, verlas orinar incluso. Y, aunque es magnífico saber que una mujer tiene inteligencia, la literatura procedente del frío cadaver de una puta es lo último que se debe servir en la cama"

viernes, 27 de marzo de 2009

Germaine (II)


"Germaine era puta de pies a cabeza, hasta el fondo de su buen corazón, su corazón de puta, que no es en realidad un buen corazón, si no que es un corazón indiferente, blando, que puede sentirse conmovido por un momento. Un corazón sin referencia a un punto fijo interior, un gran corazón blanco de puta que puede separarse por un momento de su centro auténtico"

jueves, 8 de enero de 2009

Germaine (I)


"Germaine había nacido puta; estaba plenamente satisfecha de su papel, disfrutaba con él (...). Sin duda, había dias que estaba hasta la coronilla, como se suele decir, pero... ¡nada más! La mayoría de las veces disfrutaba... o daba la impresión de disfrutar. Por supuesto, no le daba igual con quien iba... o con quien se iba. Pero lo principal era un hombre. ¡Un hombre! Eso era lo que anhelaba. Un hombre con algo entre las piernas que pudiera hacerle cosquillas, que pudiese hacerla retorcerse en éxtasis, hacerla agarrarse el tupido coño con las manos y restregárselo gozosa, jactanciosa, orgullosa, con una sensación de unión, de vida. Ese era el único sitio en el que experimentaba alguna vida: ahí abajo, donde se agarraba con las manos".